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lunes, 23 de febrero de 2009

Resistencia IV

0 trollkin

De repente, se oyó un zumbido y un impacto, y Spoopy cayó al suelo con un ruido sordo.


- ¡Francotirador! – gritó Perris – Todos al suelo.


Jan se acercó reptando hasta el cuerpo de Spoopy, que había quedado tendido pero a cubierto.


- No es nada, muchachos – dijo el propio Spoopy con gesto de dolor -. No es más que un arañazo en la pierna.


- Mocogon Dios – dijo Jan -. ¿Habéis visto eso? Si le sale cerveza de la herida en vez de sangre. Estoy por pegar un trago.


- Bueno, no nos pongamos nerviosos – dijo Pipe -. Hay que abatir a ese francotirador antes de que nos cace a todos como patitos de feria. Perris, tú que lo has visto, márcanos la posición. Mon_TUX, ya sabes lo que tienes que hacer. Yo te cubro con la Bellock. Que por cierto, menuda morralla de arma, así no hay quien mate. Cuando me saque las 100 muertes la cambio.


Mon_TUX asintió con la cabeza y descolgó el fusil de asalto de la espalda. Llevándolo terciado, se agachó detrás de un cascote, aguardando en silencio.


- El fogonazo del disparo salió de la azotea de aquél edificio, el que tiene el cartel de barbería – dijo Perris.


-Ok… ¡Ahora! – gritó Pipe.



Mon_TUX, aún agachado, salió corriendo sorteándo los obstáculos. Pipe se levantó del parapeto en el que estaba con la Bellock empuñada, y al grito de “Tomad esto, hijos de puta” desató un infierno de fuego e ira con varias granadas incendiarias. Las quimeras retrocedieron entre gruñidos y toses, con una cortina de llamas y humo que les impedía ver bien. El francotirador tampoco debía tenerlo nada claro, así que intentó neutralizar a Pipe. Pero erró el disparó, que sacó polvo de un cascote al lado de su cabeza. Mon_TUX aprovechó para abatir a un par de quimeras con sendos disparísimos en la cabeza, mientras les lanzaba dos granadas. Las explosiones acabaron con alguna que otra criatura más. Y Mon_TUX llegó a la base del edificio, a cubierto del francotirador y el resto de quimeras. Se colgó de nuevo el fusil a la espalda y comenzó a trepar por el lado más ruinoso del edificio. El silencio y la precisión de los movimientos resultarían letales. Al fin ganó la azotea y se acercó al francotirador por la espalda con el sigilo de un gato. La pobre quimera andaba con el zoom del fusil de precisión clase Sniper puesto, intentado hacer blanco sobre alguno de los compañeros. El cultazó en la nuca fue seguido de un sonido de huesos rotos, y la quimera cayo seca con un grito de dolor y de sorpresa. El fusil sniper se precipitó al vacío.



- Desde aquí no veo una mierda – dijo Pipe pulsando el botón del comunicador -. Mon, informe de la situación.



- Francotirador abatido – dijo una voz femenina -. Por cierto, no soy Mon, soy Silvia. Mon está en el ordenador, endemoniado con que tiene un ataque de no se qué en el Kernel del linux.



- Pffff – dijo Perris -. Ya me parecía a mí una operación de ejecución muy profesional para un casual.



jueves, 19 de febrero de 2009

Resistencia III

0 trollkin
Notas previas: Este post es un flashback, y necesita una música dramática de piano de fondo.




Pipe estaba sentado en el suelo, cabizbajo, armando una pistola que previamente había desmontado para limpiarla y engrasarla. El edificio semiderruido que servía de cuartel general tenía un boquete de obús por el que se colaba la luz de la luna. Apoyando la espalda contra la pared, Pipe suspiró con cansancio. Una vieja tea de aceite chisporroteante iluminaba tenuemente las sombras del rincón. En ese momento entró Spoopy y se sentó a su lado.



- Nas, mai fren .- dijo.

- Hola, asesino de quimeras.

- Eeeeeeh… ¿puedo hacerte una pregunta Pipe?

- Dispara… Pero que sea fácil. Estoy cansado.


Spoopy bajó la vista y se miró la punta de las botas. Pasaron unos segundos antes de que se decidiera a hablar.


- ¿Por qué luchamos? ¿Qué hacemos aquí en medio de esta guerra?


Pipe alzó la vista y sus miradas por fin se encontraron. El silencio se prolongó aún unos instantes.



- Buena pregunta…. ¿Por qué luchamos? Solo puedo decirte lo que yo creo. No luchamos por nosotros. Llevo meses en este agujero infecto. Hace mucho que solo cago detrás de cascotes, duermo en el puto y frío suelo, como purés deshidratados y ni me acuerdo de lo que es el calor de una mujer. Me despierto en medio de la noche, sobresaltado, tiritando de frío, con los chillidos de agonía de las quimeras y los gritos de mis compañeros aún resonando en mis oídos. A veces, al ir a beber esa taza de brea incandescente y asquerosa que llamamos café, se me derrama por encima porque me tiemblan las manos. Cada vez soy más insensible a la muerte y el sufrimiento, dado que están por todas partes, como ese aroma especial que flota en el ambiente en primavera. La única sonrisa que veo es la de la luna en cuarto creciente. Este fusil de 10 mm es lo único que duerme a mi lado. Cada vez que me acuesto dudo que la noche siguiente vaya a estar vivo para poder hacerlo de nuevo. ¿Y todo esto por qué? No es por nosotros. Nosotros ya estamos perdidos. Mañana podemos estar bajo una fría losa de piedra. O acabar la guerra, incluso ganarla, e ir a parar a un sanatorio mental. No. Luchamos por una promesa de paz y libertad. Luchamos por la felicidad de los hijos que no vamos a tener, de las mujeres que no vamos a amar. Nos sacrificamos. Sacrificamos nuestras vidas, nuestro destino, nuestras creencias por la oportunidad de que otros puedan seguir adelante y vivir la vida que nosotros hubiésemos querido. No hemos elegido participar en esta guerra. Nosotros no la queríamos. Pero ella sí que nos quería a nosotros. Y aquí estamos. No hay vuelta atrás, ni hay redención. Solo podemos aguatar. Aguantar, ser fuertes, apoyarnos los unos a los otros y seguir adelante siendo conscientes de que ya estamos tan muertos como uno de estos putos cadáveres. Y con nosotros sólo llevamos una cosa. Una tenaz determinación que hace que los corazones de esos monstruos se encojan de miedo cada vez que ven nuestra mirada.



- Todo eso es muy bonito, mai fren – dijo Jan, que hacía un rato había entrado -. Pero yo lucho para esbarrigar a esas quimeras, bañarme del golor de sus entrañas y reírme a voz en grito de su sufrimiento.



- Amén – dijo Pipe insertando un cargador en la pistola que acababa de montar -. Ahora si me disculpáis me voy a dormir, estoy cansado. Me temo que mañana va a ser un día bien jodido.

martes, 17 de febrero de 2009

Resistencia II

1 trollkin
- ¡Una pinchacondones! – gritó Perris

La granada cayo en parábola por encima de un desvencijado muro, justo en medio del grupo de defensa. Jan fue el primero en reaccionar y la pateó lejos.


- A tomar por culo de aquí.


La granada estalló y las agujas perforadoras se clavaron inocuamente en los cascotes que sembraban el percal. Pipe se colocó las bragas rojas llenas de grasa en la cabeza a modo de pañuelo y metió una toña en el cascanueces.


- Ahora veréis, hijos de puta.


Se asomó por encima de los escombros y apuntó su fusil hacia la oscuridad que el amanecer difuminaba lentamente. Varios pares de ojos rojos se volvieron hacia él.


- A ver… Decid PA-TA-TA… que sale el pajarito.


El cascanueces situado bajo el fusil propulsó la toña seguida de una estela de humo. Atravesó el pecho de la primera quimera, que cayó inerte con un sonido regurgitante y blasfemo, yendo a parar entre otras dos. La explosión las hizo volar por los aires hasta que sus cuerpos cayeron muertos en una posición extraña.


- Ya llevo tres – dijo Pipe escondiéndose para meter otra toña en el cañón.



- Asesino hijo de mil padres – dijo Jan -. Para qué te liberaríamos del penal donde estabas cumpliendo condena.


Se oyó un siseo y una espiral de humo se acercó a velocidad vertiginosa. De repente una explosión levantó polvo y escombros del suelo, haciendo que todos se pusiesen cuerpo a tierra entre toses.



- Putos paquetes del lanzacohetes – dijo Pipe -. Siempre con esa mierda, si es que sin eso no saben jugar. Fusil contra fusil siempre me los killo. ¿A qué nivel decís que lo dan? Estoy hasta los cojones de ir a la guerra con tirachinas cuando los muy hijos de puta vienen con el jodido Enola Gay.



- Te he dicho trescientas veces que a nivel 14, puto pesado – dijo Perris -. Jodido xboxer pasivo, observa.



Haciendo a un lado la chusta del porro que colgaba entre sus labios, el perraco abrió la mochila y sacó de dentro un reluciente tubo de aluminio, del estilo de los viejos Panzerscherck. Apuntó con cuidado y abrió fuego. Ahora el siseo y la espiral de humo salieron del lado de los héroes. Una tremenda explosión convirtió las oscuridad en luz, y varios trozos de quimera ensangrentados se desparramaron por doquier como una lluvia carmesí. Otra quimera cayó seca con un cascote clavado en la sien, y su cuerpo temblaba en la penumbra.



- Ja, ja, ja… ¿Habéis visto eso mai fren? – dijo Jan -. ¡Tiene jodidos espasmos post-mortem!


viernes, 13 de febrero de 2009

Resistencia I

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Tenía toda la pinta de haber sido una cafetería. Quizás en otro tiempo, en otro lugar, hubieran podido estar allí tomando café con un grupo de chicas de sonrisa resplandeciente y mirada picarona. Pero toda aquella mierda feliz había quedado atrás, y ahora el lugar no era más que un montón de ruinas y escombros. El ataque quimera no había respetado nada. Pero allí había una baliza de transporte, y tocaba defenderla a toda costa. Tras una noche a la intemperie, el comando de la resistencia esperaba el asalto. Bajo los nombres en clave Perris, Mon_TUX, Spoopy, JanSolo Y Pipe Wildchild, los soldados aguardaban que con el albor que despuntaba en el horizonte llegasen también las quimeras.



- Estoy hasta los cojones de estar aquí sentado esperando – Pipe limpiaba el cañón del fusil de asalto con lo que parecían haber sido unas bragas rojas. Se levantó entre toses – Prefiero las balas de las quimeras a este condenado frío. Matan mucho más rápido.



- Hijo de Satanás – dijo Jan -. Menuda tos tienes, vas a matar a las quimeras pegándoles esa mierda. O nos la vas a pegar a nosotros.



- Que te la pique un pollo de Kentucky.


- Estamos todos algo nerviosos con esta espera – dijo Perris. – Por eso he traido unos porros. ¿Quién quiere?


-Vete a fumar esa mierda al balcón. Respeta mi política de no humos, tío. – Dijo Mon_TUX.


- Yo hace dos años que dejé de fumar – dijo Spoopy encogiéndose de hombros.


- Panda de afeminados – dijo Perris -. Hay que tener vicios y manías. Yo antes hacía una muesca por cada quimera que mataba en la culata del fusil. Dejé de hacerlo cuando tuve que cambiar la culata por tercera vez.



- Fanfarrón – dijo Jan -. Aquí el que menos, me cagon Dios, lleva más muertes que la condenada viruela.



- Meine Mutter ist mit mir verärgert, weil mein Raum eine Störung ist – dijo una voz nasal.



- Ostia, espera – dijo Pipe .- Que se me ha olvidado silenciar a esos putos Kraut. Ya.


- Eeeeeh, planes para hoy¿? – dijo Spoopy.


Como respuesta y como único aviso del ataque se oyo el sonido metálico de las balas quimera impactando en una viga doblada que pendía escasos centímetros por encima de la cabeza de Pipe.


- Ahí vienen esos hijos de puta. Ya empieza el baile, maldita sea la hora.



Con una tormenta de sonidos como amartillado de armas, inserción de cargadores y blasfemias varias, el comando se preparó para resistir el asalto.

lunes, 5 de enero de 2009

Dead man's hand

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- ¡Gana la doble pareja! – dijo Txema recogiendo las fichas sobre el tapete.


Jan se removió inquieto en su asiento. Algo más aparte de haber perdido la mano de póker con su pareja de cuatros parecía perturbarle. Su mirada no se apartaba de las cartas que Txema había colocado boca arriba sobre la mesa. Doble pareja de ases y ochos.


- La mano del hombre muerto… - susurró Jan con el cigarro colgando de su labio, los ojos levemente entornados por el humo.


En la sala se hizo el silencio. Fuera, la lluvia golpeaba insistentemente contra el cristal.


- ¿Qué? – dijo Txema tras congelar el gesto de sus manos sobre las fichas.


- Doble pareja de ases y ochos… - Jan parecía completamente abstraído -. La mano de Wild Bill Hickok, el hombre muerto… deberías haberte descartado, no deberías haber jugado esa mano… no deberías…


-¿Pero qué estás diciendo?


Jan suspiró y alzó la vista cruzando su mirada con la de Txema. Los hielos del vaso de whisky tintineaban apenas perceptiblemente en su mano.


“Supongo que fue en una noche como ésta. Corría el año 1876, si no recuerdo mal, y James Butler “Wild Bill” Hickok había ido como cada noche al saloon de Deadwood, en Dakota. Era un jugador y bebedor empedernido. De joven había sido conductor de diligencias, soldado en la guerra civil y Marshall de los Estados Unidos. Un pistolero que labró su propia leyenda a caballo entre la Historia y la ficción. Decían de él que era rápido y frío, y que no temía ni a la sombra del diablo. Se cree que su apodo “Wild Bill” (cuenta salvaje) pudiera venir del elevado número de hombres que había matado. Algo paranoico, temía ser disparado por la espalda; así que en las partidas de póker siempre se sentaba de espaldas a la pared. Pero aquella noche no. El sitio ya estaba ocupado, y aunque solicitó amablemente el cambio, el jugador que lo ocupaba rechazó por estar en racha de suerte. Así que Hickok se sentó de espaldas a la puerta. Sin que aún esté claro el motivo, un infame borracho llamado Jack McCall se deslizó entre la gente que observaba la partida para situarse detrás de Hickok. Desenfundó su revolver, y al grito de -¡Maldito seas, toma ésto! – le descerrajó un disparo a bocajarro en la parte posterior de la cabeza. “Wild Bill” Hickok se desplomó muerto. Y sus dedos cadavéricos aún sostenían la baza que iba a jugar: una doble pareja de ases y ochos. Desde entonces, la jugada se conoce como La mano del hombre muerto. Y nadie en su sano juicio la pone sobre la mesa. Es de mal agüero.”


Txema tragó saliva, y recogió lentamente las cartas que había jugado. Un relámpago hizo chisporrotear las bombillas que iluminaban de forma tenue la silenciosa sala.



EPÍLOGO: ¿QUÉ PASA AQUÍ?

"Este Pipe debe estar en un mal día" estaréis pensando. Jan no habla así. Ni Txema. ¿Dónde estan los "Eheeehhhhh... nas" y los "maifren"? ¿Y el resto de clásicas coletillas? ¿Insultos? ¿Blasfemias? ¿Dónde? Pues bien... Tiene su explicación... Pero no la voy a desvelar. En su lugar propongo un reto. Averígüen ustedes por qué Jan y Txema no hablan en este relato como ellos hacen habitualmente. La ganadora recibirá un bono para tocarme el culo completamente gratis durante un año, y si es ganador, con un autógrafo va que jode. Anímense con esos comments y esas hipótesis.

viernes, 2 de enero de 2009

Esas redes sociales...

0 trollkin
Me la han vuelto a meter doblada.


La última vez dije “ni una más, Barrabás”. Pero he vuelto a caer. Estoy hablando, como habrán deducido por el título del post, de las redes sociales. Siempre empieza igual. Alguno de los perturbados que tengo por amigos me dice (habitualmente por la herramienta del demonio que es el MSN) “Ostia, tienes que entrar en pongaaquíelnombredesuredsocialfavorita.com... Hay unas tías que te caaaaaaaaaaaaagassss en las bragas”. Y yo, a falta de algo mejor que decir, digo “¿Sí?” Y me lo corroboran, claro. “Sí, sí, mira, mira...” Me envían una foto que han sacado de la dichosa red social. Una jamona en bragas/tanga y sujetador. O en bikini. O desnuda de cintura para arriba, tapándose los pezones con unas manos que apenas abarcan esas desmesuradas mamellas. Con unos ojos como piedras de jade y un pelo cual cascada de azabache. Con cara de gatita traviesa o chica mala. Y, si tienes suerte, hasta sonriente (a mí es que las sonrisas bonitas me privan, qué se le va a hacer). Y entonces digo “Bueno, pues vamos a registrarnos y probar suerte, a ver si alcanzo a conocer a alguna de estas guarr... bellezas”.


Entonces te registras, pones una descripción comedida para no parecer demasiado salido (ni un beato, joder, que los extremos son malos), subes unas afotos de ese cuerpazo que Dios o el Demoño te ha regalado y das al botón de “búsqueda de usuarios” o similar para comenzar el asalto. Si has hecho algo mal, tus contactos de MSN recibirán publicidad del sitio (ruego encarecidamente me perdonen) pero es un detalle menor. Pones de fondo la cabalgata de las Walkirias (me encanta el golor del napalm al desayunar) y comienzas a dejar mensajes de saludo a cuanta potorra desfila por el monitor de tu ordenador. Dejas el asunto ahí madurando y te vas a otros menesteres. En mi caso a leer... Sí, ¡otra obra de George R.R. Martin! La muerte de la luz, una historia de amor cautivadora encuadrada en un marco tan poco habitual (en estos casos) como la ciencia ficción. Preciosa. A las tres horas y tras calzarte medio libro dices “¡Ostia! Voy a ver la cosecha de respuestas” Y te encuentras con que... ¡no ha respondido ninguna! Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah, pringaooooo. Todas han leído el mensaje, pero ninguna ha respondido. “¡Mierda!” Piensas. No me acordaba de que en las redes sociales no se socializa. No es más que un escaparate de carne, un desfile de egos (si es que en la mayoría, las fotos hasta se votan y puntúan).



Juro que no es resentimiento. Ni una pataleta, ni un “ahora me enfado y no respiro”. A mí, que unas señoritas que se dedican a exhibirse (y gratis) por internet no me respondan me suda la polla desde la base hasta la punta del tálamo. Es más, hasta me parece bien. Si es que hoy en día el que no se hace una paja es porque no quiere. Pero se me empieza a afilar el colmillo. A gotear el veneno... Pura maldad. E intento no hacerlo. Pero hay algo en mi interior que me puede. Pienso “No demuestras inteligencia haciendo lo que planeas hacer”. Pero una vocecita interior me dice “No tienes nada que demostrar”. Pienso “Son seres humanos...” y la vocecita interior que no calla “... y por lo tanto viles e infames, merecen un escarmiento”. Los dedos se disparan hacia el teclado... Y empieza la retahíla. A una que tiene la nariz un poco respingona le escribo “Joder tía, tú si hueles un bacalao lo dejas soso”. A otra “¿Esas manchas amarillitas en tus bragas no serán meos resecos? Hoy en día la incontinencia urinaria tiene remedio” Y a otra “¡Madre de Dios! ¿Ese bikini de saldo lo compraste en los chinos o te lo regaló tu abuela?” Y la cosa sigue... “Deberías dejar de fumar, esas manchas cremosas en tus dientes me impiden pensar en otra cosa” ... “¿Eso qué es? ¿La superficie de la luna? Ah, no, es celulitis” ... “Tienes unos ojos que solo les faltan las ranas para parecer una charca”


Tócate los cojones.... Ahora sí que responden... ¡Vaya que si responden! “Eres un cabron” “Eres un jilipoyas” “Q t dn x culo” “vete a la mierda” Si es que no hay nada como un poco de simpatía para animar el cotarro. Aunque te queda un mal sabor de boca... Te devanas los sesos para ofenderlas y todo lo que son capaces de decir es que eres un cabrón y un gilipollas. Era mejor la canción de Terrance y Philip.


Así que dices “Joder, otra vez lo de siempre”. Borras tu perfil, esperas que los que han recibido la publicidad por tu culpa no se caguen en tu puta madre, juras que nunca más te registrarás en una red social, y te preparas para salir a tomar unas copas y perdertete en los ojos de esa preciosidad cuya amistad y sonrisa tienes el gusto de compartir, sabiendo que ella no necesita medio despelotarse ante el mundo para hinchar un ego que no le importa demasiado. Ahora la aprecias más que nunca. A ver si la parte de socialización de la red social va a ser esta. Y claro, con tanta braga en la retina, en la ducha te haces la pajaza. Porque una ducha sin paja, ni es ducha ni es na.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Especial de ... el 5 de noviembre... Un Lannister siempre paga sus deudas (segunda parte)

2 trollkin
Pypion Lannister caminaba con paso anadeante por los callejones de Desembarco del Gay. Era una noche oscura, como se supone han de ser las noches en que los actos ruines ven cumplida su venganza. Subiendo unas escaleras bajo la tenue luz de la antorcha que portaba, por fin llegó a su destino. Un portón de doble hoja con símbolos arcanos. Lo empujo y se abrió sin dificultad. Dentro, dos teas iluminaban la estancia en un mar de sombras danzarinas. Al fondo, encorvado sobre el escritorio de madera, una figura embozada aguardaba en silencio. Iba vestido con una capa, y la capucha cubría su rostro, del que apenas asomaba la nariz. Pypion se acercó y saludó.


(MODO TEATRO ON)


... dice:
la última vez que hice un trabajo para un gran señor , me lo pagó delatandome y me gané la enemistad de los lannister, milord

Pipicus Furor dice:
ahora puedes recuperar el favor lannister

Pipicus Furor dice:
enseñale a lord perris baelish que en el juego de tronos las alianzas pueden cambiar con celeridad

... dice:
lord meñique está proximo al rey

Pipicus Furor dice:
y el rey próximo a la muerte

Pipicus Furor dice:
xD

(MODO TEATRO OFF)

Pypion Lannister hizo a un lado su capa y sacó un pergamino de debajo. En silencio, se lo ofreció al anciano encapuchado, que lo desenrrolló y colocó sobre el escritorio. Lo estudio meticulosamente, y mojando la pluma en el tintero comenzó a garabatear extraños signos.

(MODO TEATRO ON)

... dice:
bueno ,esto ya está , mi señor

... dice:
pero temo por mi vida si os lo entrego

Pipicus Furor dice:
te voy a bañar en oro, con él podras pagar una escolta de mercenarios y embarcar hacia las tierras sureñas

... dice:
prometeís no mencionar mi nombre?

... dice:
es algo sencillo, vos mismo lo podriaís haber hecho


Pipicus Furor dice:
vuestro nombre quedará en el más piadoso de los anonimatos, no temáis, maestre

... dice:
que sea lo que los 7 quieran

... envía:


Ab*ir*(Alt+P)

Has recibido satisfactoriamente triocalavera.jpg de ...

(MODO TEATRO OFF)

El anciano entregó el pergamino a Pypion, que lo examinó con una sonrisa de satisfacción. Esto fue lo que vio.





(MODO TEATRO ON)

... dice:

los dioses me perdonen
... dice:
es lo que buscabaís milord?

Pipicus Furor dice:
servirá... ten, anciano, coge esta bolsa y que los 7 te guarden

Pipicus Furor dice:
(tintineo de monedas)


(MODO TEATRO OFF)

¡UN LANNISTER SIEMPRE PAGA SUS DEUDAS!


Post scriptvm: Cuenta la leyenda que, por unos minutos, hubo colgada otra versión de este post. Se dice que era tan vil, retorcida y malvada, que en esos minutos no hubo ningún nacimiento en el mundo. La leche manaba agria de las ubres de las vacas. Los campos se agostaron, el cielo se volvió rojo. Se dice que todos aquellos que lo vieron tienen una caldera reservada en el infierno y una camisa de fuerza aguardando en el manicomio... Pero no son más que habladurías. Cuentos de viejas.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Especial de Halloween: Un Lanninster siempre paga sus deudas (primera parte)

7 trollkin

Debía ser cerca de medianoche. O tal vez fuesen las cinco de la tarde. Desde que se toma esas pirulas que le dejan medio noqueado, Mon está un poco confuso respecto a los horarios. Y aquel maldito reloj de pared no le sirve de mucha ayuda. Se estropeó misteriosamente y parece no tener remedio Antes su tic-tac le ponía nervioso, pero ahora el silencio es casi peor. Muchas veces trató de repararlo, y otras tantas volvió a estropearse. Una noche de insomnio incluso trató de instalarle el kernel de linux de la distro Zen Walk. Encorvado como un águila sobre su presa, con un purito colgando de la comisura de sus labios, lo intentó durante horas. Pero el quinto engranaje no era compatible con los drivers. Así que desistió.

Mas el sopor no era el único efecto de las pastillas. A veces, dando vueltas en la cama sumido en el duermevela, oía de forma ahogada una especie de grito: “¡Oye mi maullido!... ¡maullido! … ¡llido!” Entonces se despertaba sobresaltado, con el corazón galopando en su pecho. Hay partes de su pasado que creía enterradas para siempre. Partes infames e ingominiosas. Pero aquellas malditas pastillas parecían tener el efecto secundario de abrir puertas que deberían permanecer cerradas.

Ahora estaba sentado en el sofá frente a la chimenea, con el fuego convirtiendo la habitación en una danza de sombras. Fumaba tranquilamente un purito y disfrutaba de una copa de coñac. En sus manos sostenía un ejemplar de Juego de tronos. Una bata de cuadros que llevaba puesta hacía aún más hogareña la escena. La mezcla entre el coñac, el humo del purito, las pastillas y el amor de la lumbre empezó a hacer su efecto. Los párpados le pesaban. Pronto ladeó la cabeza, el libro se le escurrió de entre las manos y se sumió en un profundo sueño.

Y, por primera vez en años, volvió a soñar nítidamente con aquél fatídico día. Había empezado alegre la cosa. Se hallaba chateando con Jonasete una mañana. “Vamos a dar un poco por culo a Pypion”. Uno de los dos escribió aquello. Y así empezó todo. La foto del Gnomo. La publicación. “No quería hacerle daño” . Había tratado de engañarse a sí mismo cientos de veces con aquella excusa. “Yo era joven” “Nada más estaba probando con el GIMP, no era mas que un luser. Eran pruebas, lo juro” “Como iba yo a saber que algo tan demoníaco podía pasar”. El cadáver de Pypion apareció tres días después. Siempre se dijo que murió de pena ante la incalificable traición. Y allí estaba otra vez, en sueños, viendo la terrible escena. El gesto de Pypion contraído en la misma mueca de la foto. Los ojos vidriosos y lívidos mirando al vacío. Y de repente le miraron.


- Hola, Mondor. No deberías quedarte dormido fumando puritos. Un Lanninster siempre paga sus deudas.



Mon se despertó en llamas. Había derramado el coñac y las brasas del purito hicieron el resto. Los gritos de agonía llenaron el aire.



Epílogo. No hubo nada que los bomberos pudieran salvar. Lo único que, misteriosamente no se quemó, fue parte de una caja de pastillas analgésicas. Junto al código de barras, se podia leer “Producido por Laboratorios P.L.”

lunes, 20 de octubre de 2008

LCCZ II

5 trollkin
Ha sido abrumador. Me refiero al éxito de la canción de coca cola zero. Así lo atestigua el armario que tengo lleno de bragas pendientes de firmar enviadas por mis fans de medio mundo. Uno de mis lectores, médico psiquiatra de profesión, incluso se animó a mandarme el perfil psicológico del personaje de Jan Nieve. Amigo mío, se lo agradezco, pero para profundizar en la personalidad de Jan habría que desarrollar una ciencia nueva. No obstante tengo en consideración su esfuerzo.

Por otra parte, ha llegado a mis oídos la noticia de que un tal Martin nosequé está escribiendo una versión de mi obra titulada “La canción de hielo y fuego” como homenaje. Desde aquí le agradezco que haya pensado en mi trama para desarrollar la suya propia y le deseo la mejor de las suertes.



*********************



Tengo el orgullo de presentarles un nuevo capítulo, que fue finalista en los premios Hugo, siendo derrotado al final por un voto ante la que, de forma curiosa, es otra obra mía: Janny Potter y el cáliz de agua con cuajarones.





MONDOR CLEGANE



La mañana amanecía fresca, y Mondor Clegane se hallaba sentado al pie de un árbol comiéndose una manzana a modo de desayuno. “Se acerca el invierno”. Esos norteños y sus estúpidos lemas. Tal y como estaba, se sacó la chorra y se puso a mear. Sentado. “No, nunca seré un caballero.” Pensó. “No tengo modales de Ser, los Otros se los lleven a todos. Hipócritas. Yo soy el Perro”. Sacó un pellejo de vino dorado del rejo que había robado en la última taberna y echó un largo trago. Con un sonoro eructo, se guardó la chorra y se rascó las pelotas. Una sonrisa afloró a sus labios al acordarse de la ramera con la que había pasado la noche. Qué cara de espanto puso cuando la luz de la vela iluminó su rostro medio quemado. De niño, a Mondor le regalaron el Queminova. Querían que fuera maestre en la ciudadela. Pero pronto, tal y como atestiguan las quemaduras de su cara, se puso de manifiesto que las ciencias no eran lo suyo. Así que decidió vivir y morir por la espada. Perdió la cuenta de los hombres que había matado en el septagésimo octavo. Si había algo que hacía iguales a los seres humanos, era la muerte. Fuertes o débiles, rubios o morenos, listos o tontos, negros o albinos. Con una espada hendiéndoles el cráneo todos morían igual. Había sido mercenario, escudo de un príncipe, soldado, mirmidón… Pero nunca caballero. Los odiaba con todas sus fuerzas. Normal, tantos años aguantando a los estereotipados paladines del Grillo.



Arrojó lejos hacia el camino el corazón de manzana mordisqueado y metió la mano en la bolsa. No tintineaba, pero al menos había un venado de plata. Con suerte y algo de regateo, podría cenar esta noche, y quizás le sobrara para las casas de lenocinio. Echó otro trago de vino. Aún recordaba el último banquete al que había asistido. Se había servido empanada de lamprea, copón asado con relleno de tocino de cocho, revuelto de setas con ajo arriero y picadillo de cecina, pescadilla que se mordía la cola, paté de anade estofado con rabo de buey y vino caliente especiado. Pero de eso hacía mucho. Ahora subsistía a base de sopas de cebolla y leche de soja en tabernas de poco lustre. Había dejado la corte y vuelto a la vida del mercenario.


- ¡Mondor Clegane! ¿Acaso le han soltado la correa al Perro? No pensaba que se pudiera pillar desprevenido a un cánido.


“Desprevenido no, medio abubilla. Mierda, he bebido demasiado vino casi en ayunas”.


- Es que me acabo de guardar la chorra. Pero si quieres me la saco otra vez y te la inserto en tol ojete, que sé que te gusta.



Ante él había tres jinetes y cinco hombres a pie. Habían salido del recodo del camino que se perdía entre los árboles. Debería haberlos oído, pero eran miembros (con perdón) de la Compañía Audaz y sabían moverse en silencio, incluso con armaduras. Iban fuertemente armados, y a su frente estaba el cazarrecompensas Ser Gio la Cabra Negra.


- Han puesto precio a tu cabeza, perro. Y he venido a cobrarlo.


Mondor escupió al suelo de forma ruidosa.


- ¿Y quién, si se puede saber, desea un adorno tan feo como mi cabeza?


- Ser Txemaime Lanninster.


- ¿El matarreyes? ¿Por qué?


- No lo dijo.


Con un sonido metálico, Mondor desenvainó la espada y la interpuso entre él y Ser Gio.

- Pues si quieres mi cabeza, cabritillo, ven a por ella.

martes, 14 de octubre de 2008

Canción de Coca Cola Zero

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Prefacio:


No voy a decir que he vuelto. Porque este, como cualquier otro, podría ser mi último post. Sin embargo, la verdad es que nunca me fui. Mátame Camión está a la deriva como un barco zarandeado por los mares del destino; con Humakt aferrado desesperadamente al timón, clamando por su soledad. Pero yo soy la ominosa tormenta que lo guía. Es mi furia la que hincha sus velas hacia puertos desconocidos. He estado -y estoy- ausente, sí. Ocupado en menesteres como engendrar más bastardos que Robert Baratheon y Julio Iglesias juntos. El mundo necesita de mi progenie para ser un lugar mejor. Y tan noble causa está incluso por encima de MC. Duele admitirlo. Sin embargo, y sin que siente precedente, no quiero que se me llene la boca hablando de mí mismo. Una vez más, mojo la pluma en el tintero para hablaros del auténtico ausente. Del hombre cuyo destino desconocemos desde hace años. Sí, claro, es Jan. Quién si no. Todos sabemos que cometió crímenes horribles (descarga de vídeos de shemales, comprar la x-box, coleccionar vasos con cuajarones,…). Y cuando se enfrentó a la Justicia del Rey, no le quedó más remedio que elegir entre la hoja del verdugo y vestir el negro. Su elección no fue ningún secreto. Su sino lo era hasta ahora. Inicia este episodio la saga que narra las aventuras de Jan entre los juramentados hermanos de la Guardia de la Noche, defendiendo el muro de cuantos peligros lo amenazan.




JAN



Se despertó sobresaltado, bañado en sudor frío. El sol aún no arrancaba destellos en los hielos del muro, y Jan Nieve ya estaba despierto. Flexionó los dedos con los que sujetaba el mando de la PS3 para desentumecerlos y mantenerlos flexibles. Tal y como le recomendara el lord comandante.


- No ha sido más que otra pesadilla, mai fren. –pensó casi en voz alta-. Siempre la misma, siempre recurrente.


Boli alzó la cabeza, desperezándose. Había estado durmiendo a sus pies en la fría celda de la torre de vigilia. El perro huargo siempre lo acompañaba. Al parecer compartían un mismo destino. Y el tamaño de los huevos.


- Roooosha, roshiiiiiiina. Duérmete otra vez, rey, no hemos tenido más que una pesadilla – le dijo al perro.


Boli bostezó y volvió a acomodarse para el sueño. Dichosas pesadillas. Otra vez soñó con el día en que se vio desposeído de su vida tal y como habia sido. Y de sus crímenes. Al pronunciar los votos y vestir el negro, su deuda de sangre quedaba perdonada. Y su vida se debía al servicio en la Guardia de la Noche. Los Otros se lleven a todos aquellos malditos burócratas. Ahora y siempre, su deber era defender el muro de sus posibles asaltantes. Los salvajes de Braki Ryder, el-Rey-más-allá-del-muro, se volvían cada vez más osados. Así que se estaba convirtiendo en un deber casi peligroso.



- Dichosas pesadillas – repitió.


No había sido una mañana muy distinta de la que se avecinaba. Estaba preso en Desembarco del Gay, pudriéndose en una celda de los niveles inferiores. Había en ella esparcidos excrementos, orines, restos de comida y teconología punta (ATENCIÓN: deja vú) por igual. El carcelero acudió en su busca y le llevó al septo. Allí, ante toda la furibunda multitud que pedía a gritos su cabeza, el septón supremo leyó la sentencia.



- Jan Nieve, por vuestros crímenes sexuales, de cambiacapas y escatológicos, la justicia del Rey decreta la pena capital para vos. (ATENCIÓN: spoiler) El maestre Mon Payne ejecutará la sentencia de inmediato. A menos que abracéis la posibilidad que el Rey, en su infinita sabiduría, os ofrece como alternativa: ingresar en las filas de los juramentados hermanos de la Guardia de la Noche y partir ipso facto hacia el muro.



Jan dudó unos instantes antes de responder:



- Si, no, bueno ahoasdhoaa, mai fren, no sé…


Pero todo eso había sido hacía una eternidad, y ahora no tenía tiempo para pensar en ello. El cuerno sonaba en una llamada. Era la hora de levantarse y desayunar. ¡Por los antiguos dioses! El cuerno llamó una segunda vez. Los salvajes atacaban. Jan se levantó de un salto y se enfundó en su armadura y ropas negras. Boli se irguió gruñendo en una hilera de dientes.



- Tranquilo Boli, si te portas bien, luego te llevo a ver a Lenona. O me hincho a vino del Rejo y le disparo a Txema.



Entonces el cuerno sonó en una tercera llamada. ¡Demonios! ¡No puede ser!


lunes, 11 de febrero de 2008

Esto es LEÓN!

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"¡Leoneses! Apurad bien las copas porque esta noche nos enjarrillamos... ¡en el infierno!"


"Aquí tienes tu jarra de peleas..." ... "yo no puedo beber esto... es una locura, una blasfemia" ... "¿Una locura? ¡Esto es LEÓN!"


Cuenta la leyenda que los leoneses somos descendientes del mismísimo Baco. Leoneses. Desde muy pequeños se nos enseña a no beber agua jamás. A no decir que no a una copa más. Leoneses. Los mejores borrachos que el mundo ha conocido. Porque morir con el estómago lleno de aguardiente es la mayor de las glorias que un hombre puede alcanzar.

A los recién nacidos se nos somete a una delicada prueba. Los que son alumbrados con el hígado pequeño o enfermo se les arroja desde lo alto de la catedral. Al salir de casa cada mañana nuestras madres, nuestras esposas, nos dicen: "Leonés... Vuelve con el buche lleno o la bota vino vacía".


"Aquí es donde nosotros bebemos... ¡Aquí es donde ellos se emborrachan!"


Nuestras metas son humildes. "Recordadnos" no queremos monumentos, canciones sobrias, estatuas ni honores... Tan solo que el mundo sepa que aquí unos pocos se comieron tol botillo.

Leoneses... Beodos.

lunes, 4 de febrero de 2008

Trailer de Txemator

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El decurión Janvs Fanboivs Meridivs se hizo paso entre las filas de mugrientos legionarios hasta llegar al general Chemáximo Borrachvm. Nubes negras amenazaban con nieve en aquél frío invierno en el limes de la ribera del Danubio. Corría el año 180, y las legiones de Marco Aurelio hacían campaña contra los marcomanos a fin de pacificar lo que un día sería conocido como Viena.



- Nervio y ansia – dijo Chemáximo apurando un buen trago de cerveza -. ¿Aún nada?

- Nada, general – respondió Janvs -. Tampoco hay respuesta en el campamento de la Virgen, de donde he venido presto. Ah, esta maldita guerra me erosiona como el viento a la roca, mai fren… qué ganas de volver a casa y yacer dulcemente en los brazos de un tierno efebo.


Chemáximo alzó el rostro con la mirada perdida, no se sabe si de melancolía o por los efluvios del alcohol. Empezó a sonar la ridícula música de una tía canturreando mariconadas, y Chemáximo se vió a sí mismo paseando la mano por entre unas espigas de trigo. Un pájaro alzo el vuelo, y Chemáximo se quedó mirándolo absorto. Agachándose, cogió un puñado de negra tierra y empezo a frotarlo con las manos. Se lo llevó a la nariz y comenzó a olisquearlo mientras pensaba “Eeeeeeeeeeh… nas, pendejo”


- ¿Qué cojones haces mai fren? – dijo Januvs -. Ahora te pones a juguetear con la tierra, en la víspera de una gran batalla. Tas muy tonto, ¿Sabeeees? Mira, ahí tenemos la respuesta.


De la espesura del bosque surgió un caballo que llevaba a un jinete romano decapitado.


- Han dicho que no… - dijo Chemáximus.


- Pues a preparse para la batalla… Tú, adelanta esa catapulta.

- ¡No! Ahí está bien

- ¡Pero la caballería peligra, mai fren!

- Está asumido, ¿de acuerdo? Además, ya me parece bastante absurdo pretender cargar a caballo a través de la espesura del bosque usando como arma un jodido gladius. Me van a doler los riñones de tanto agacharme a intentar matar germanos. Esto es Hollywood, así que da igual que encima me bombardeen con napalm.

- Los romanos no conocemos el napalm… ¿Si alguien pregunta qué decimos?

- Dí que es fuego griego.

- ¿Pero eso no lo usaban los bizantinos para crear un escudo de llamas alrededor de sus navíos?

- ¿Y qué? ¿Quién se va a dar cuenta de eso? Deja de protestar por todo.

- Bueno no, sí, vale, mai fren… ¿Sabeeees?

- Pues hale, fuerza y honor... A mi señal, ira y fuego


Chemáximo se colocó el casco con penacho de crin de caballo y se dispuso a montar. Janvs dio orden de que prendieran fuego a los proyectiles de catapulta, y abriendo los brazos en cruz mientras aspiraba ruidosamente dijo:

“Aaaah… Me encanta el jodido golor del napalm al desayunar”




lunes, 21 de mayo de 2007

Overmind

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Braki llamó al timbre de casa de Jan.

- Pasa pasa, mai fren, que está abierto…

Braki empujó la puerta y casi de inmediato le recibió una bocanada de aire viciado. Dentro reinaba una oscuridad ominosa. Una almagama de agrios olores apenas identificables flotaba en el ambiente. Braki empezó a pensar que no era buena idea haberse comprometido con Jan a hacerle unos estiramientos.

- ¿Qué pasa torpedo? ¿Dónde andas?

- Aquí en la cocina, que ando haciendo un sangüis de pulpo a la gallega. Sigue el pasillo hasta el final que llegarás a Toronto Canadá, pardiez.

Braki dobló la esquina del pasillo a tientas en la oscuridad. Sus pasos resonaban acuosos y miró hacia abajo. El suelo estaba cubierto por una babaza espesa de un color verde parduzco. El asunto se ponía cada vez peor. La puerta de la cocina estaba ligeramente entornada…

Cuando la abrió, el espectáculo le dejó estupefacto. Había una suerte de huevos rezumando de una masa carnosa y sanguinolenta. De los huevos emergían una especie de larvas de insecto que babeaban en la oscuridad. Dos extrañas criaturas similares a cerebros con tentáculos flotaban en el aire. Había restos de líquido repugnante y sangre por toda la cocina: cubriendo el frigorífico, goteando del fregadero, salpicando el microondas… Y en medio del dantesco espectáculo, sentado en una especie de trono de gelatina, se hallaba Jan.

-Por fin ha llegado nuestro futuro guerrero definitivo… ¡El brakilisco! Superamos, lleváoslo a la colmena de mutaliscos… Que lo pongan en muta-hibernacion junto a Kerrigan, mai frens.

- Sí, overmind – gruñó telepáticamente uno de los cerebros-pulpo -. ¡Servimos al enJANbre!

- Así me gusta, mocogon diosss… que sirvais al enJANbre, jaajjajajajajjajajjjaaajaj

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! – gritó braki mientras los superamos lo cubrían con sus tentáculos y lo alzaban en vilo.

El rostro de Jan se tornó sombrío.

- Este universo caerá… y de las cenizas surgirá nuestro nuevo orden.”

STARCRAFT 2: Coming soon

Jan recomienda usar chipset gráfico de EMBIDIA mai fren, para un optimizamiento dantesco de los polígonos.

La asociación de pulpo a la gallega enlatada desmiente cualquier vinculación con el enJANbre Zerg

erbNAJne la evris

viernes, 13 de abril de 2007

La ofensa, el honor... la muerte

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El sol ya estaba alto en el horizonte cuando Pocococo Muchachicha, alias “Jan”, apareció en la playa. Había sido una noche muy larga después de beber demasiado sake en la taberna de la prefectura de Okinoto. Ebrio, Muchachicha Jan había ofendido al maestro de armas del señor del shogunato, un tal Pepetari Perrisate. Le dijo, entre los vapores del alcohol, que los pies de su mujer parecían las pezuñas de un cerdo, mai fren. Perrisate montó en cólera y quiso degollar con su wakizashi al insolente ronin allí mismo. Pero, ronin o no, Muchachicha era un samurai. Así que el antiguo código del Bushido le obligaba a retarle a un duelo. Muchachicha Jan aceptó el reto con un gruñido ininteligible y cayo redondo, roncando como mil demonios. La hora fijada fueron las 8:00, y el lugar la solitaria playa de Ji-Jon.


Perrisate llevaba dos horas esperando arrodillado en seiza y, al fin, la figura desaliñada y bamboleante de Muchachicha aparecía caminando por la arena de la playa. Los susurros del mar solo se veían superados por los chillidos de las gaviotas.


- ¡Cerdo insolente! – dijo Perrisate poniéndose en pie de un salto -. ¿Es que no tienes honor? ¿Cómo concibes en tu turbia mente presentarte ante mí tarde y desaliñado?


La katana de Perrisate abandonó su saya con un suspiro metálico.


- Pagarás esta afrenta con tu vida – dijo el colérico samurai.


- No ostia, perdona mai fren – dijo Muchachicha Jan con voz ronca y aún ebria -. Mocogon diooossss, es que me agarre un cebollón cojonudo. Eché hasta la primera papilla, que se me lleven los demonios si miento.


Jan iba hecho un autentico adefesio. Las desgreñadas melenas recogidas quedamente con una toalla. El kimono desgarrado y sucio de sustancias pegajosas. Los pies únicamente enfundados con calcetines. Y… no llevaba arma alguna.


- ¡Encima te presentas desarmado! – grito Perrisate -. Esto ya es demasiado… ¡Muere!


El maestro de armas alzó su katana y descargó el mortífero shomen uchi contra la cabeza de Jan. Éste, con la rapidez de un rayo, se hizo a un lado en irimi y desenfundó un pie de su calcetín. La uña del pulgar del queso, negra, afilada y maloliente destelló bajo el brillo del sol matutino. La pierna de Jan describió un mortífero arco y la uña impactó contra el cuello de Perrisate sin encontrar oposición en su camino. Los ojos del samurai se abrieron en un gesto de sorpresa y un chorro de sangre comenzó a brotar de su garganta. Lentamente, su cabeza se desplazó hacia atrás y se separó del cuerpo, rodando sobre la arena con un ruido sordo. El cuerpo decapitado cayó como un fardo sobre sus rodillas y luego hacia delante, dejando el culo en pompa. Muchachicha Jan devolvió lentamente el pie al interior del calcetín y se compuso como pudo. Saludó con una inclinación de la cabeza al cuerpo de su enemigo y encaminó su tambaleante paso hacia la siguiente taberna en su errática ruta.

viernes, 2 de febrero de 2007

La canción del pirata

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Con diez tostadoras por banda

PC en marcha a toda vela

No graba a x24 sino vuela

DVDs de Verbatim


Wifi pirata al que llaman

Por ser el de al lao "el vecino"

En todo barrio conocido

Del uno al otro confin


La luna en el TFT riela

En el disipador gime el viento

Y salta en brusco movimiento

Ese pantallazo azul


Y ve el buen zagal pirata

Escuchando Radio Europa

Que su FTP se topa

Con un hacker de Estambul


Graba, PC mío

Sin temor que ni el Vista impío

Ni DRM ni Bonanza

Tu láser a torcer alcanza

Ni a incrementar tu calor


Veinte pelis hemos hecho

A despecho de Intel

Y han rendido sus protecciones

Cien videojuegos a mis pies


Porque es mi PC mi tesoro

Que es mi dios mi libertad

Mi ley, ubuntu y el zorro

Mi única patria el mal

jueves, 25 de enero de 2007

Txema Gius y las nieblas del pasado

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Txema Gius subió pesadamente la interminable escalera de caracol que daba acceso a lo más alto de la torre. Construida con enormes bloques de piedra sobre una planta hexagonal, la vieja atalaya se erguía sobre las montañas asturleonesas. Con su cuerpo debilitado por las largas noches sin dormir volcado en la lectura de antiguos legajos olvidados, Txema se apoyó en el muro del último peldaño para recuperar el resuello. Con gesto tembloroso abrió la puerta que franqueaba el paso al Santuario Arcano. Allí, tras una escritorio de roble blanco japonés, le aguardaba Altraus Montxus. La habitación carecía de más mobiliario, aparte de la silla sobre la que Montxus se recostaba. Unos ideogramas adornaban las paredes representando vetustos conceptos como Ki, Karma, Iluminación, Macarrismo...

- Pasa Txema, por favor – dijo Montxus con voz libre de nicotina -. Y cuéntame qué te perturba.

- Maestro – dijo Txema -. Hay una era que ocupa mis pensamientos incesantemente. Una cuestión que remueve mi conciencia. ¿Construyeron los extraterrestres las pirámides?

- Puedes verlo por ti mismo... ¿Has traído el equipo necesario para el viaje?

- Sí, mi maestro... Aquí está... Un litro de aquarius, cuatro litros de Meahu, una empanada del hipergol y unos gusanitos.

- Muy bien – dijo Montxus -. Pues consúmelo y prepárate para expandir tu conciencia a través de las nieblas del pasado.

- Sí, mi maestro.

Txema comió con avidez y bebió exhibiendo una sed de mil diablos. Pronto sus sentidos se ampliaron y ante sus ojos, entre una extraña bruma, comenzaron a desfilar los años y las eras. Hasta detenerse en la época del gran faraón Pepén I. Allí pudo ver al rey de Egipto en su trono, y la aproximación de naves espaciales de los Protos, los Zerg, los Anu’ Udrianos y los Selenitas. Todas estas culturas extraplanares agasajaron al faraón con regalos, pidiéndole permiso para construir las pirámides en sus tierras. Pepén, que había expropiado las mismas a los judíos y recalificado el terreno, decidió ir liberando el suelo metro cuadrado a metro cuadrado. Se produjo una gran puja por estos terrenos subastados y al final, los protos, tras pagar la inmensa suma de mil millones de granos de cebada, consiguieron la concesión, al decidirse el faraón aconsejado por su escriba Pi-pe III. Dicho escriba extendió la mano por lo bajini para llevarse su comisión, inmortalizado en postura hierofante en los jeroglíficos. Y así, Txema pudo ver cómo se produjo el primer pelotazo de la historia y se sentó la base de la cultura occidental.

Notas posteriores anotadas por Txema en su Diario de los anales: Las pirámides perdieron su funcionalidad como puertas dimensionales cuando se concedió, en otra pingüe operación, el mantenimiento a Te-le-Phónica y sus técnicos de origen maya e inca. Se rumorea que por allí estuvo también el comercial de MS con su maletín, pero no pude comprobarlo con mis propios ojos en el viaje. La Historia siempre guardará sus secretos.

jueves, 18 de enero de 2007

Goldbeer

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Perris “Goldbeer” Donovan se recostó contra su escritorio de forma descuidada. Era otra mañana gris, de otro día gris en una ciudad gris. Por el ventanal de la oficina podía ver una calle sin color, como si estuviera en blanco y negro. En el vidrio unas letras opacas componían un cartel que rezaba “KV, Agencia de Detectives”. Perris pensaba que su vida era insulsa y sin sentido desde que descubrió cierta plataforma de un conocido fabricante de sistemas operativos. En aquel momento dejo de cuidar su aspecto y ahora el mismo era tan lamentable como su falta de ilusión: barba de varios días, camiseta de tirantes sucia con manchas de sudor, gabardina y pantalones grises arrugados. La mesa del escritorio, sobre la que ahora daba cabezadas, no ofrecía mejor aspecto. Un cenicero rebosante de colillas servía a modo de manantial de ceniza sobre la madera. Había vasos de plástico con olorosos restos de café, botellas de whisky y latas de cerveza medio vacías - nunca las vaciaba del todo por eso de poder ver el vaso medio lleno - y un mugriento ordenador cuyo monitor despedía una luminosidad fantasmal que contrastaba con la oscuridad del sitio. Al fondo, el Detective en jefe Heli O.T. Ness lanzó una furibunda mirada a Perris. “Bronca al canto” pensó éste, y agarró con mano temblorosa el ratón mientras con la otra encendía el enésimo cigarrillo. Exhalando una bocanada de humo, Perris abrió el Mozilla Thunderbird para chequear su correo electrónico. Había un mensaje nuevo. De Heli O.T. para Perris Donovan; asunto: “Esto no puede seguir así” Perris leyo en voz baja con labios temblorosos “¿Pero qué haces Perris? ¿Tú te has mirado en el espejo? ¡Imaginate que entra un cliente! Vale que hace meses que no tenemos ninguno y estamos casi en quiebra, pero todavía espero que por esa puerta aparezca nuestra oportunidad de oro. Y la vas a espantar con esas pintas. O te compones o mañana no vuelvas por aquí. Heli.” Perris arrastró el cursor para enviar el mensaje a la papelera de reciclaje. Era el cuarto que recibía como ese en una semana. ¡Canastos! – pensó - Al menos podía dignarse a escribir uno nuevo. En ese momento, la puerta se abrió y entró una hermosa mujer cuyo colorido parecía contrastar con el metraje blanco y negro de la vida de Perris. Era rubia, con unos morritos deliciosos y un llamativo vestido del estilo de los años 40. - ¿El señor Perris Donovan? – preguntó -. Mi nombre es Scarlett Johansson. Alguien está tratando de chantajearme, necesito su ayuda.

jueves, 14 de septiembre de 2006

El capitán Txema Barbado

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Ferrol, Galicia

Mayo, año de nuestro señor de 1815

Jan Veracruz serpenteaba con paso vivo entre las callejuelas de Ferrol en dirección al puerto. La noche y una espesa niebla hacían el ambiente frío y peligroso. Por eso iba embozado, y bajo la larga y raída capa ocultaba un cutlass (que era como llamaban esos perros casacas rojas a los sables de marinería) y un juego de pistolas cargadas y listas para abrir fuego. En cada esquina se cernían amenazadoras sombras, que bien podían ser peligros imaginarios. O bien no. Por eso los ojos de Jan escudriñaban la noche como los de un gato. Atento a cualquier señal de alerta. Ladrones o milicia, ningún encuentro era conveniente. La brisa se tornó fresca y el aroma del mar se intensificó. A la vuelta de la esquina estaba su objetivo...

A Ñocla da Ría era, casi con toda seguridad, la taberna más sucia del puerto de Ferrol. Y Jan lo sabía. Por eso cruzó el portón de madera con estoicismo ante la bocanada de aire rancio que le golpeó el rostro como una bofetada. Dentro había una extraña luminosidad procedente de los fanales y el fuego de la chimenea. El ambiente estaba cargado del humo de guisos de pescado y un hedor como a pelo de animal. En una esquina, un grupo de músicos tocaba una vieja tonada celta conocida como Trollhammaren. Jan se adentró, apartando de su camino a borrachos y rameras, hasta la esquina menos iluminada del local. Allí, sentado en una mesa y con las botas descansando sobre la misma, se hallaba un hombre barbudo de rostro enjuto. Vestía al típico estilo de los marineros, con la empuñadura de un sable pendiendo ominosamente del cinturón. En la mesa se contaban siete jarras de cerveza vacías y su mano sostenía la octava.

- ¿Sois vos el señor Txema Barbado? – dijo Jan alzando la voz solo lo justo para que no le oyera nadie más.

- Pudiera ser... – dijo el marinero tocándose la nariz con la mano libre -. ¿Quién le busca?

- Alguien a quien le han dicho que el Birraquarius es el navío más veloz del Atlántico.

El barbudo marino le invitó con un gesto a sentarse a su lado.

- Así se llama mi barco. ¿Qué deseáis de mí?

- El contrato de vuestros servicios. Se trataría de un viaje a Méjico con escala en las Antillas.


- Mmmmm. Suena interesante.¿Cuál sería la carga?

- Solo pasajeros... Yo, un erudito profesor y ninguna pregunta a contestar.

- Vaya... ¿Algún problema con los casacas rojas?

- Ninguno. Sencillamente deseamos la máxima tranquilidad. Aunque el contacto con los buques británicos sería ciertamente... embarazoso.

El capitán Txema Barbado dio un largo trago a la cerveza sin apartar la mirada de Jan.

- Eso son 700 reales por barba –musitó meditabundo.

-¿Qué? ¿1.400 reales? – exclamó Jan -. ¿Has perdido el jucio?

- Esas aguas infestadas de ingleses y corsarios son muy peligrosas... Es lo que hay. Lo tomas o lo dejas.

La sonrisa del capitán Txema Barbado se abrió malicionsamente

Continuará...

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Historia

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Desde que se publicó mi autobiografía en 2005 (de la cual aprovecho para reseñar, fue traducida a varios idiomas y vendió 17 millones de ejemplares en todo el mundo) de todos es sabido el poco cariño que, desde siempre, les he profesado a los ingleses. Sin embargo, hay uno de ellos por el que históricamente he sentido una gran admiración. Se trata del almirante Horacio Nelson. Excelente marino, soldado disciplinado, grandísimo estratega y arrogante hijo de puta. Como buen inglés. Lo de invencible lo aparcaremos de momento. Se pasó por el forro de los cojones todos los manuales de estrategia naval en Trafalgar. El inútil de Villeneuve (el monsieur comandante en jefe de la escuadra hispanofrancesa) dispuso sus naves en línea perpendicular a las británicas, en una formación que según los cánones de estrategia naval venía siendo infalible. Y encima virando en el último momento hacia Cádiz, como pretendiendo huir si se torcía el asunto. Dejando, tras una maniobra que ya era complicada de por sí (sin apenas viento y con una tripulación en la que la mayoría de los hombres no había visto un barco en su puta vida), más huecos entre nuestras naves que en los calzoncillos de Jan. Y así, con unos cojones como los del caballo del Cid, Nelson dispuso sus naves en dos columnas y aprovechando el barlovento se lanzó contra la armada hispanofrancesa para rebasarla y poder partirla en dos, atacándola también desde la retaguardia. Entenderán que se metió de lleno bajo un intensísimo fuego de artillería sin poder responder hasta el último momento. Y sin despeinarse. Contaba con que el estado de la mar y la inexperiencia de los marinos españoles harían fallar muchísimos de los pepinazos. Ya dije, arrogante hijo de puta. Pero tuvo razón. Nos partió en dos y fue destruyendo las naves aliadas una a una rodeándolas con varias de las suyas y aprovechando la mayor cadencia de fuego de la artillería británica. Sin embargo, ésta fue su última hazaña. Como ya retraté con más pena que gloria en el ultimo episodio de las aventuras de Jan, un soldado francés le partió la madre de un plomazo y ahí se acabó Nelson. De vuelta a Gibraltar con el cadáver metido en un barril de alcohol. Y en todos los documentos que he leído así se testimonia. Salvo en este: http://www.webmar.com/web/trafalgar/4t_batalla.php. Donde se dice que el soldado que mató a Nelson era vizcaíno. Claro. Supongo que esto lo habrá escrito un vasco. Ya me estoy imaginando al mítico Patxi de los chistes de vascos relatando la Historia como un Herodoto moderno:

“¡Ay va la hostia Patxi! Me cago en Dios. ¿Cómo que el que mató a Nelson era francés? Mis cojones francés, joder. Si era del mismo Bilbao. De la ría del Nervión. Igual que el Alejandro Magno ese, el que conquistó Persia y llegó a la India. Si en realidad se llamaba Andoni Alejandroetxea. Alejandro Magno era el mote, porque después de talar árboles a hostia limpia con la mano abierta se lavaba con jabón de ese de Magno. El que es negro. Vale que nació en Macedonia, pero eso es porque ya sabéis que los de Bilbao nacemos donde nos sale de los cojones. Pero era de Barakaldo, como Javi Clemente. Y usaban las mismas tácticas. Antes de la batalla le metía un manguerazo de riego al campo y patapún parriba las falanges macedonias. ¡Ay va la hostia! Infalible. Y eso de falanges macedonias otro error. Eran Ertzaintzas joder. No hay más que fijarse en los dibujos de la jarra de vino esta. Mira, llevan txapela, pasamontañas, la zeta y la porra. Que no me sabéis interpretar los grabaos antiguos joder.”

Huelga decir que esto es una ñocla hecha desde el cariño a los vascos, que nos tratan de puta madre cada vez que vamos por allí y lo pasamos como enanos...